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"Lo que está pasando en España en este momento me da náuseas" -- 17-10-12

  • Creado en Miércoles, 17 Octubre 2012 11:18

foto pacoEl 15 de noviembre presentará en el Teatro Coliseo Paco Ibañez canta a los poetas latinoamericanos. El gran juglar del siglo XX habla sobre su nuevo trabajo, los vínculos con América Latina y de sus canciones más difundidas.

Desde Argentina? ¿Me estás llamando desde Argentina? ¡Argentina, qué bien suena eso!" Quien dice estas palabras desde el otro lado de la línea es Paco Ibáñez, el juglar, que el 15 de noviembre dará un concierto en el Buenos Aires, en el Teatro Coliseo. En esa oportunidad presentará su último disco, Paco Ibáñez canta a los poetas latinoamericanos. Alfonsina Storni, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Rubén Darío son algunos de las voces americanas a las que él les ha puesto música y las ha llevado por el mundo. Según su coterráneo, el desaparecido escritor Manuel Vázquez Montalbán, Ibáñez "practica permanentemente la agitación cultural, la crítica dura y directa sobre los enemigos sucesivos de la emancipación individual y social". Vestido de negro, la mayoría de las veces sólo acompañado por su guitarra, hace más de medio siglo que se sube a los escenarios de todo el mundo para mostrar de qué forma se puede conmover a quienes lo escuchan cuando se mezclan con maestría una voz áspera y profunda, una actitud ascética sobre el escenario, una ética inquebrantable, una enorme sensibilidad poética y la convicción de que el mundo puede ser un lugar un poco menos hostil cuando se tiene el consuelo de una canción que habla a la vez de todos y de cada uno. Tal es el caso, por ejemplo, de Palabras para Julia, el poema de José Agustín Goytisolo al que Ibañez le puso música contribuyendo a transformarlo así en un himno de la resistencia. Resulta imposible escucharlo sin conmoverse, sobre todo cuando, como sucedió en su última visita a Buenos Aires en 2010, lo canta en el predio de la ex ESMA presentado por el entonces secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde.

A los 78 años, Paco Ibañez sigue teniendo la misma vitalidad torrencial que cuando comenzó a cantar. Su voz suena afable y cálida en el teléfono. Resulta casi imposible creer que estemos hablando con ese trovador del siglo XX que integró la banda sonora de nuestras vidas y que constituyó siempre un aliento para no bajar los brazos.

–En el mes de noviembre usted viajará a la Argentina para presentar en el Teatro Coliseo su último disco, Paco Ibañez canta a los poetas latinoamericanos. ¿Este disco es de alguna manera la culminación de su relación con la poesía latinoamericana?

–Creo que es como un broche que le pongo a mi relación con esa poesía a la que estoy ligado desde hace tanto tiempo, lo mismo que a la música latinoamericana. Así como entré en contacto con los poetas, también conocí la música de esa región a través de zambas, boleros, bambucos, vidalas, pasillos y muchos otros ritmos. América Latina tiene una gran riqueza para mí en ese sentido. En este disco está la poesía de Alfonsina Storni, de César Vallejo, de Pablo Neruda, de Nicolás Guillén, de Rubén Darío... (A media voz, Paco entona en el teléfono los versos de Alfonsina a los que les puso música: "Quisiera esta tarde divina de octubre / pasear por la orilla lejana del mar...).

–Usted, que conoció a tanta gente, conoció a Atahualpa Yupanqui. ¿Qué recuerda de él?

–Sí, tuve la suerte de conocerlo. Era un gran maestro al que, por supuesto, yo le tenía un gran respeto. Recuerdo que una vez me llamó por teléfono porque estaba en mi país y quería verme. Yo vivía en un caserío y me parecía que no era el lugar adecuado para recibir a Atahualpa, me parecía que no podía recibirlo allí, aunque al mismo tiempo tenía enormes ganas de verlo. Sucedió entonces que tuve que viajar a Guadalajara o ya no recuerdo bien dónde y postergamos la visita. Por un lado, me sentí muy aliviado de que no fuera a visitarme y, por el otro, sentí también una gran pena por la visita frustrada porque me hubiera dado un gran placer.

–Pero lo trató en otras oportunidades.

–Sí, finalmente Atahualpa me visitó y fue algo muy hermoso. Él quedó tan enamorado de mi tía Romana. Quiero decir que la quería mucho, que le parecía una mujer muy buena. Fue hermoso que nos visitara ese gran maestro que fue Atahualpa.

–¿También lo conoció a Julio Cortázar, no es así?

–Sí, fue a verme una vez y yo me quedé muy impresionado. Me miraba fijo, sin hablar, con aquellos ojos grandes que parecía que iban a salírsele de la cara. Creo que quería decirme algo. Ahora pienso que se estaba despidiendo porque pocos días después de eso murió.

–¿Y su relación con Raúl González Tuñón?

–Puedo decir que Raúl González Tuñón es el poeta argentino que más quiero, aunque no lo musicalicé yo, sino el Tata Cedrón

–Creo que sería más fácil preguntarle a quién no ha conocido, porque usted conoció a las figuras más emblemáticas del siglo XX, desde Salvador Dalí a Pablo Neruda.

–Sí, fue así. Lo conocí a Pablo Neruda en París en 1970, creo que esa fue la única vez que lo vi. Él me dijo con esa voz tan particular que tenía: "Tú tienes que cantar mis poemas porque tu voz está hecha para mí poesía" (habla imitando la voz de Neruda). Y yo creo que tenía razón, le hice caso, sigo cantando desde entonces.

–Hay poesías que usted ha transformado en himnos. Una de ellas es "Palabras para Julia", de José Luis Goytisolo. Esa canción forma parte de nuestras vidas. Yo conozco por lo menos dos personas que les han puesto Julia a sus hijas por esa canción. Una de esas personas es un amigo muy querido. Supongo que usted conocerá muchas otras. ¿Cómo se explica ese fenómeno?

–Pues, mira, la verdad es que no lo sé. A veces los poemas, las canciones, pasan a ocupar lugares para los que no están destinados, porque José Agustín Goytisolo escribió esa poesía para su hija, Julia, que tenía el mismo nombre de la madre de Goytisolo que murió en un bombardeo dejando a sus hijos muy pequeños. A pesar de haberla escrito para su hija, mucha gente la ha tomado como cosa propia. Eso es algo que produce mucha emoción. Una vez fueron a verme a una función unas mujeres que formaban parte de un colectivo, eran ex presas políticas que me contaron que cuando estaban en prisión y tenían el "plafond" muy bajo, cuando estaban tristes y un poco desanimadas cantaban "Palabras para Julia" para darse fuerzas. Eso es muy emocionante. Es que la poesía es a la vez terrible, tremenda y tierna. (Paco canta un fragmento de la canción a modo de ejemplo de lo que dice): "Tu no puedes volver atrás / porque la vida ya te empuja / como un aullido interminable... La vida es bella, ya verás, como a pesar de los pesares, /tendrás amigos, tendrás amor... / Por eso siempre acuérdate / de lo que un día yo escribí, / pensando en ti, pensando en ti / como ahora pienso". Escuchar estos versos realmente pone la piel de gallina. Y a pesar de que Goytisolo le escribió esto sólo a su hija Julia hoy Julia son todas las mujeres.

–Cuando usted vino por primera vez a Latinoamérica, estas tierras eran el lugar de la utopía. Después sobrevinieron las dictaduras sangrientas de los gobiernos neoliberales. Luego eso cambió radicalmente, como también ha cambiado en España, aunque con signo inverso. ¿Cómo ve usted este proceso?

–¡Vaya si ha cambiado España! América Latina fue un territorio desangrado, despellejado, que conoció las peores dictaduras. Fue terrible lo que pasó, pero ahora se está poniendo de pie, yo noto un gran cambio muy positivo. Lo veo en Brasil, en Ecuador, en la Argentina... Lo que pasa en Europa, en cambio es terrible y lo que sucede en España en este momento la verdad es que me da náuseas. No puedo decirlo de otra manera, me da náuseas.

–Sé que de su padre anarquista no sólo heredó sus convicciones, su ética, sino también su oficio. Su padre era ebanista y me enteré a través de una amiga suya de que usted trabaja la madera. ¿Qué es lo que hace?

–Pues mira, no sé bien qué es lo que hago. En todo caso, cuando llegue a Argentina te llevo algo y te muestro lo que hago cuando no estoy de gira cantando. Lo que sí sé es que no podría vivir sin trabajar la madera, es algo que

me gusta mucho, quizás porque, como tú dices, fue el oficio de mi padre, no lo sé, pero es algo que necesito.

–Tengo entendido que tiene un taller en su propia.

–Sí, tengo un taller en mi propia casa. Uno de los cuartos del piso está convertido en taller. Para hacer eso no sólo tiene que gustarte mucho trabajar la madera, el oficio de trabajar en ella, además, tienes que tener una mujer como la mía que soporte vivir entre el polvo y la viruta, que no se moleste por esas cosas que no tolera cualquiera. Pero creo que eso es el amor, ¿no? Lo cierto es que no sólo canto "Palabras para Julia", sino que todas mis canciones son para Julia, es decir, para todas las mujeres. (Se ríe). Y así es que puedo comer arroz con leche todos los días. 

Mónica López Ocón, Tiempo ARGENTINO

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