"...Quién hubiese imaginado que una multitud increíble fuese a invadir el aforo del Olympia... Todo ello por ese gran niño simple, relajado, quien después de ser acogido con un calor tal que sólo recuerdo haber visto en honor de Toscanini, de Chaplin, de Robeson o de Lindberg, se puso a cantar acompañado por su guitarra..."
