Por una canción

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Por una canción

disco Por una canción

 

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Federico García Lorca

No te pude ver
Córdoba, lejana y sola

César Vallejo

Amada

Rubén Darío

Juventud, divino tesoro

León Felipe

Ya no hay locos

Francisco de Quevedo

Rosal

Antonio Machado

Tus ojos me recuerdan

José de Espronceda

Canción de la muerte

Federico García Lorca

La romería

Fanny Rubio

El rey Almutamid mp3

Gustavo Adolfo Bécquer

Volverán las oscuras golondrinas

 

No te pude ver

No te pude ver
cuando eras soltera,
mas de casada
te encontraré.

Te desnudaré
casada y romera,
cuando en la noche
las doce den.

Córdoba

Jaca negra, luna grande,
aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Córdoba
lejana y sola.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba
lejana y sola.

Amada

Amada, en esta noche tú te has crucificado
entre los dos maderos curvados de mi beso.
Y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado
y que hay un Viernes Santo más dulce que ese beso..

Amada, en esta noche tú te has crucificado.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos,
y ya no habrán reproches en tus ojos benditos
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
dormiremos los dos como dos hermanitos.

Juventud divino tesoro

Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro
y a veces, lloro sin querer.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura, amarga, y pesa.
Ya no hay princesa que cantar.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!

A pesar del tiempo terco
mi sed de amor, no tiene fin.
Cabello gris, así me acerco
a los rosales del jardín.

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!

Ya no hay locos

Ya no hay locos, ya no hay locos,
ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.
Ya no hay locos, ya no hay locos,
ya no hay locos, en España ya no hay locos.

Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto.

Ya no hay locos, ya no hay locos,
ya no hay locos, en España ya no hay locos...

Todo el mundo está cuerdo,
terrible, horriblemente cuerdo.

Ya no hay locos, ya no hay locos,
ya no hay locos, en España ya no hay locos...

¿Cuándo se pierde el juicio?
Yo pregunto: ¿Cuándo se pierde, cuándo?
Si no es ahora, que la justicia
vale menos que el orín de los perros.

Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos, ya no hay locos...

Rosal

¿De qué sirve presumir,
rosal, de buen parecer
si aún no acabas de nacer
cuando empiezas a morir?
Hace llorar y reir
vivo y muerto, tu arrebol.

Rosal, menos presunción
¿dónde están las clavellinas?
Pues serán mañana espinas
las que ahora rosas son.

No es muy grande la ventaja
que tu calidad mejora.
Si es tu mantilla la aurora
es la noche tu mortaja.
Se está riendo la malva
cabellera de un terrón.

Rosal, menos presunción
¿dónde están las clavellinas?
Pues serán mañana espinas
las que ahora rosas son.

Tus ojos me recuerdan

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negra noche sin luna,
orilla al mar salado,
y un chispear de estrellas
de un cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena cara,
los trigos requemados
de un suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

De tu morena cara,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de un cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.

Canción de la muerte

Débil mortal, no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre.
En mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, le ofrezco
lejos del mundo un asilo
donde a mi sombra, tranquilo
para siempre duerma en paz.

Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores
y ofrezco un lecho de flores
sin espinas ni dolor.
Y, amante, doy mi cariño
sin vanidad ni falsía.
No doy placer ni alegría,
mas es eterno mi amor.

Deja que inquieten al hombre,
que, loco, al mundo se lanza
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó.
Mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias
y mentira su ilusión.

Débil mortal, no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre.

La romería

¡Ay, qué blanca
la triste casada!
¡Ay, cómo se queja entre las ramas!
Amapola y clavel será luego
cuando el macho despliegue su capa.

Si tú vienes a la romería
a pedir que tu vientre se abra,
no te pongas un velo de luto,
sino dulce camisa de Holanda.

¡Ay, cómo relumbra!
¡Ay, cómo relumbraba!

Vete sola detrás de los muros
donde están las higueras cerradas
y soporta mi cuerpo de tierra
hasta el blanco gemido del alba.

Si tú vienes a la romería
a pedir que tu vientre se abra,
no te pongas un velo de luto,
sino dulce camisa de Holanda.

¡Ay, cómo relumbra!
¡Ay, cómo relumbraba!

El rey Almutamid mp3

Soñaba en su lecho el rey
soñaba de madrugada
que entre las ondas del río
buscaba manzanas blancas.

Noche de miedo en Sevilla
víspera de la batalla.

Y el rey Almutamid
en el sueño contemplaba
la dulce fruta de nieve
que en los espejos temblaba.

Noche de miedo en Sevilla
víspera de la batalla.

En Sevilla, Almutamid
abrió los ojos al alba
cuando el sol enrojecía
en la ventana más alta.

Y ni amanecer halló
ni arrayán bajo la almohada
ni del agua el dulce nido
donde vio manzanas blancas.

Noche de miedo en Sevilla
víspera de la batalla.

Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón los nidos a colgar,
y otra vez con el ala en tus cristales
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha, mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos, mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!

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